El relato de cómo una niña superó un cáncer "incurable"

Como escribe Shamini Jain, autora de Autocuración. La ciencia del biocampo y el futuro de la salud: “nuestros modelos actuales de medicina no alcanzan a comprender la profundidad de nuestro potencial de curación”.

El caso que presenta en estas líneas Shamini Jain, reconocida psicóloga clínica y profesora asociada de la Universidad de San Diego, deja, como ella misma indica, más “preguntas que respuestas” que, sin embargo, la autora aborda en profundidad en su último libro del que extraemos este conmovedor fragmento.

«Lo sentimos. Solo le quedan unos meses de vida. No hay nada que podamos hacer».

Estas son palabras devastadoras que ningún padre quiere escuchar de un médico sobre sus hijos. Cuando la hija de Deven y Medha, de dos años y medio, Meera, su segunda hija, empezó a mostrar síntomas de una gripe estomacal que no cedía, fueron al médico inmediatamente. Pensaron que podía ser un caso de acidez grave o un problema gastrointestinal crónico. Nunca esperaron que una resonancia magnética revelara que su hija tenía un tumor cerebral y que los médicos no podían hacer nada para ayudarla.

Deven y Medha actuaron rápidamente, como haría cualquier padre. Buscaron a los mejores médicos. Siguiendo las recomendaciones de los médicos, hicieron que Meera recibiera un tratamiento de radiación inmediatamente. Al principio, la radiación parecía funcionar. Sin embargo, Meera desarrolló náuseas y ataxia grave (problemas para caminar y hablar). Parecía que tenía una inflamación en el cerebro. Una resonancia magnética de seguimiento mostró la reaparición de un tumor en el tronco encefálico que causaba la hinchazón y el malestar de Meera. El tumor era maligno y estaba colocado de tal manera que los médicos no podían operar para extirparlo. Sencillamente, no podían hacer nada más.

Como cualquiera puede imaginar, los padres de Meera estaban desolados. Habían acudido a los mejores médicos especialistas en cáncer para obtener respuestas y ayuda, pero los médicos no sabían cómo detener la enfermedad y salvar su vida.

¿Qué opciones tenían? Aceptar las palabras de los médicos significaba que estaban condenados a presenciar la muerte lenta y dolorosa de su hija en pocos meses. Pero no estaban dispuestos a aceptar este destino. Decidieron buscar otras opciones seguras que ayudaran a su hija a vivir y le dieran alguna oportunidad de recuperarse. Cuando empezaron a buscar alternativas, un amigo se les acercó.

«No sé si estáis abiertos a esto... y sé que parece una locura —dijo—. Conozco a una curandera en Tel Aviv, Israel. Una superviviente del Holocausto». Explicó que la curandera, Sara, fue rescatada de un campo de concentración cuando era un bebé después de que la Gestapo disparara a su madre. Apenas veinticuatro horas después de que la guerra terminara y los prisioneros de los campos fueran liberados, un oficial encontró a Sara, aún viva, bajo el cuerpo de su madre. Sara creía que esta experiencia traumática, pero milagrosa, le dio la capacidad de curar. Llevaba muchos años curando a personas, incluso a distancia. «Sé que puede parecer una posibilidad remota, pero podría valer la pena intentar que Sara trabajara con Meera», sugirió el amigo.

Deven y Medha lo consideraron detenidamente. Aunque nunca habían experimentado la curación a distancia, tenían un buen concepto de su amigo y sabían que intentaba ayudarles a salvar a su hija. Se estaban quedando sin opciones, así que no parecía que hubiera nada malo en probar una sesión con esta sanadora.

Sara aceptó trabajar con Meera y explicó a sus padres que «sintonizaría» con la niña que estaba en California, desde su casa en Israel. Cada semana se centraría en disolver el tumor de su cerebro.

Sara explicó a Deven y a Medha que su método de curación no significaba necesariamente que fuera a curar el cáncer de Meera. Compartió que el proceso de sanación era diferente al de la curación. Curar representaba deshacerse de una enfermedad atacándola específicamente. La sanación de Sara pretendía fomentar la capacidad interior de Meera para curarse a sí misma —su cuerpo, su mente y su espíritu— ayudándole a conectarse con su «yo superior» (similar a los conceptos de espíritu y alma). Aunque Sara no podía garantizar que el tumor de Meera se disolviera, confiaba en que el proceso de sanación le aportaría paz y bienestar, fuera cual fuera el resultado médico. Esencialmente, Sara explicó que la curación del cáncer de Meera no dependía de ella, sino de Dios y del ser superior de la niña.

Mientras Sara trabajaba en la curación de Meera, pidió a Deven y a Medha que permaneciesen atentos a cualquier cambio. También les explicó cómo facilitar un entorno doméstico equilibrado que emulara la paz, la calma y la felicidad para ayudar a su hija a sanar.

Después de tres meses de estas sesiones, a pesar del pronóstico de los médicos, Meera parecía estar mejor. Deven y Medha la llevaron al médico para que le hiciera un escáner cerebral. En su primera cita de seguimiento, los médicos dijeron que el tumor había disminuido del tamaño de una moneda de veinticinco al de una de diez centavos. En la siguiente cita, los médicos no encontraron ninguna anomalía visible en su tronco cerebral; estaban sorprendidos. El tumor había desaparecido por completo.

«No podemos entender esto —dijeron. Los padres de Meera les hablaron de la sanadora a distancia—. Nunca habíamos oído hablar de algo así –dijeron–. No somos reacios a creer en los milagros..., y esto es ciertamente un milagro. Está en completa remisión».

Meera sigue en remisión hoy en día. Acaba de celebrar su vigésimo cumpleaños con su familia, bien y floreciendo, aunque sigue experimentando problemas de salud ocasionales, como convulsiones. Le gusta practicar la danza clásica india y ha actuado en grupos de baile públicos en California. Su padre me habló de que su espíritu indomable es una lección para todos ellos: segura de sí misma, con aplomo y decidida a vivir su vida de la mejor manera posible.

¿Qué causó realmente la remisión en Meera? ¿Hubo en verdad una conexión entre esas sesiones de curación y la remisión del tumor de Meera o fue solo la creencia de sus padres? En otras palabras, ¿fue todo un «efecto placebo» (un concepto que se explora en otra parte del libro Autocuración)? Y si ese fuera el caso, ¿qué dice eso sobre la naturaleza de la curación?

Ciertamente, Meera no es la única que ha experimentado una remisión «espontánea». En la literatura médica se han registrado miles de casos, aunque todavía no entendemos científicamente qué es lo que hace que estas personas concretas tengan remisiones del cáncer (o de otras dolencias como el virus de inmunodeficiencia humana [VIH], la insuficiencia cardíaca y las enfermedades autoinmunes). Lo que sí sabemos es que, en muchos casos, las personas que experimentan estas remisiones espontáneas relatan experiencias espirituales que creen que han conducido a su curación.

El caso de Meera, como todos los casos de «curación milagrosa», nos deja con más preguntas que respuestas. Las preguntas, a las que ahora me he dedicado a responder a través de nuestra organización sin ánimo de lucro, Consciousness and Healing Initiative (CHI), apuntan a un claro desafío.

Nuestros modelos actuales de medicina no alcanzan a comprender la profundidad de nuestro potencial de curación, y no nos ayudan a resolver las crisis sanitarias mundiales.

Podría decirse que nunca hemos estado tan enfermos físicamente ni hemos sido tan desdichados psicológicamente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa de que las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias matan a 41 millones de personas cada año (estas cuatro enfermedades en particular matan al 80 % de esas personas entre los treinta y los sesenta y nueve años). Para 2020, la OMS estima que las enfermedades crónicas representarán el 73 % de todas las muertes y el 60 % de la carga de morbilidad.[1] Estas cifras ni siquiera tienen en cuenta el mayor riesgo de muerte para quienes padecen enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares y respiratorias que podrían estar expuestas a un virus como la COVID-19.[2]

También tenemos una epidemia de dolor crónico, que como sabrás ha provocado una epidemia masiva de adicción a los opiáceos porque nuestro sistema sanitario nos ha enseñado a adormecer nuestro dolor en lugar de curar nuestro sufrimiento. Aunque la población de Estados Unidos constituye solo el 5 % de la población mundial, consume el 80% de los opiáceos del mundo.[3] En Estados Unidos, los costes de la actual crisis de los opiáceos, además de tantas vidas perdidas, se estiman en 100 billones de dólares desde 2001. Informes recientes comparten que estos costes siguen aumentando exponencialmente. Por ejemplo, la Sociedad de Actuarios informa de que los costes económicos del consumo no médico de opiáceos en Estados Unidos solo de 2013 a 2018 fueron de 631.000 millones de dólares.[4]

Tristemente, estamos exportando nuestro pobre modelo de conducta. El uso de analgésicos opiáceos ha aumentado drásticamente en toda América del Norte, así como en Europa occidental y central, con resultados desastrosos.[5]

En Estados Unidos, las sobredosis son la primera causa de muerte entre los estadounidenses menores de cincuenta años.[6] No es de extrañar que suframos los problemas de salud mental que padecemos, con más de 250 millones de personas diagnosticadas anualmente con depresión.[7]

¿Qué está causando todo este sufrimiento innecesario? ¿Por qué no hemos resuelto estos problemas de salud que causan un caos individual, social y global de proporciones épicas?

La respuesta es bastante sencilla: nos han incapacitado hasta el punto de que desconocemos por completo nuestro potencial de curación. De hecho, dudamos de nuestras capacidades para fomentar la curación en los demás y en nosotros mismos, lo que hace que la historia de Meera suene tan increíble, especialmente para los profesionales de la salud formados en Occidente.

Nuestros sistemas hospitalarios y de atención médica languidecen por anticuados en el peor de los casos, o por incompletos, en el mejor, ya que sus prácticas de curación están basadas en modelos de enfermedad en lugar de en modelos de salud. Nuestra incapacidad para ver más allá de los modelos de enfermedad nos impide comprender y repetir las «remisiones espontáneas» que Meera y otras miles de personas han experimentado. ¿Son estas remisiones realmente espontáneas, es decir, sin ninguna causa? ¿O lo que pasa es que no hemos entendido los procesos por los que se producen estas curaciones en apariencia milagrosas? Nuestro punto ciego nos impide definitivamente crear un nuevo modelo para curar esta creciente epidemia de enfermedades y adicciones. Necesitamos una evolución, si no una revolución, en la forma en que mejor abordamos la manera de curar.

Notas bibliográficas

  1. World Health Organization (WHO), Integrated Chronic Disease Preven- tion and Control (Ginebra: WHO, 2020), https://www.who.int/chp/about/ integrated_cd/en/.

  2. B. Wang, R. Li, Z. Lu y Y. Huang, «Does Comorbidity Increase the Risk of Patients with COVID-19: Evidence from Meta-Analysis», Aging 12, no 7 (2020): 6049-6057, doi: 10.18632/aging.103000.

  3. R.D. Knaggs y C. Stannard, «Opioid Prescribing: Balancing Overconsump- tion and Undersupply», British Journal of Pain 11, no 1 (2017): 5, doi: 10.1177/2049463716684055

  4. Society of Actuaries, «Economic Impact of Non-Medical Opioid Use in the United States» (octubre de 2019). https://www.soa.org/globalassets/ assets/files/resources/research-report/2019/econ-impact-non-medical- opioid-use.pdf.

  5. S. Berterame, J. Erthal y J. Thomas et al., «Use of and Barriers to Access to Opioid Analgesics: A Worldwide, Regional and National Study, Lancet 387, no 10.028 (2016): 1.644-1.656, doi: 10.1016/S0140-6736(16)00161-6.

  6. Drug Policy Alliance, Drug Overdose (2020), http://www.drugpolicy.org/issues/drug-overdose.

  7. «Global, Regional and National Incidence, Prevalence and Years Lived with Disability for 354 Diseases and Injuries for 195 Countries and Territories, 1990-2017: A Systematic Analysis for the Global Burden of Disease Study 2017», Lancet (2020), https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/ PIIS0140-6736(18)32279-7/fulltext.

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