Krishnamurti: la verdadera revolución ocurrirá cuando abandones el egocentrismo

Jiddu Krishnamurti dedicó su vida a dialogar y meditar acerca de las grandes cuestiones que afectan al ser humano; cuestiones como la libertad, el sufrimiento, la muerte o el contacto con la divinidad nutren sus libros, que en gran parte, son transcripciones de sus célebres conferencias impartidas a lo largo de los años. El texto que compartimos es un fragmento de su obra Descubrir lo inmensurable.

El mensaje de Krishnamurti ejerció una notable influencia a lo largo del siglo XX, y su presencia sigue a día de hoy: en sus conferencias, Krishnamurti insistió en rechazar cualquier tipo de credo organizado, desde las religiones a los nacionalismos. La única forma para alcanzar la paz pasaba por conocerse a sí mismo a través de la meditación y logrando salir de la cárcel del ego.

Krishnamurti

J. Krishnamurti

Es urgente que cambiemos. Hemos vivido muchas guerras, destrucción, violencia, terror, desdicha... y, si no se produce un cambio radical, seguiremos en el mismo viejo camino. Para cambiar radicalmente –y no solo aceptar un nuevo conjunto de eslóganes o consagrarnos al Estado o a la Iglesia, para comprender de verdad la revolución fundamental y necesaria con la idea de poner fin a toda esa desdicha– es esencial descubrir si existe una acción que no sea egocéntrica. Es evidente que la acción siempre será egocéntrica mientras no experimentemos verdaderamente por nosotros mismos el hecho de que solo existe el pensamiento y no el pensador. Una vez lo experimenten, verán cómo el esfuerzo adquiere un significado muy diferente. 

«Actualmente nos esforzamos para conseguir un resultado para llegar a ser, para convertirnos en algo. Si estoy enfadado, si soy ambicioso o cruel, me esfuerzo para no serlo. Pero ese esfuerzo es egocéntrico, porque todavía quiero ser algo, aunque quizá de forma negativa. Todavía hay ambición, o sea, violencia.»

—Jiddu Krishnamurti 

Así que, si tengo que cambiar radicalmente sin ese motivo egocéntrico, debo explorar en profundidad la cuestión del cambio.  Esto quiere decir que tengo que pensar de forma diferente por completo, lejos del colectivo, del ideal, de la costumbre, de la disciplina, de la práctica, etcétera. Tengo que investigar quién es el pensador y qué es el pensamiento, y descubrir si el pensamiento es diferente del pensador. Aunque el pensamiento se haya separado a sí mismo y haya establecido al pensador aparte, este sigue siendo parte del pensamiento. Y, mientras el pensamiento sea violento, el mero control del pensamiento por parte del pensador no tiene ningún valor. Así que la pregunta es: ¿puede la mente darse cuenta de que es violenta, sin dividirse a sí misma, sin tratar de deshacerse de la violencia?

En realidad, este no es un problema muy complejo. Si ustedes y yo, que lo estamos debatiendo, pudiéramos examinarlo cuidadosamente como individuos, veríamos cuán extraordinariamente sencillo es. Quizá se nos escapa su significado, porque creemos que es muy complejo. No lo es. El hecho simple es que no existe un experimentador sin una experiencia; el experimentador es la experiencia, no están separados. Pero mientras el experimentador se separe y demande más experiencia, mientras quiera cambiar esto por aquello, no podrá haber ninguna transformación fundamental.

Así que el cambio radical que necesitamos solo es posible cuando no hay ideales. Los ideales no son más que reformas, y una mente que solo se está reformando no puede cambiar radicalmente.

«No puede producirse un cambio fundamental si la mente recurre a la disciplina o se ciñe a un patrón, tanto si este patrón es el de la sociedad, el de un maestro, como si lo establece el propio pensamiento.»

—Jiddu Krishnamurti

No puede producirse ningún cambio radical mientras la mente piense en términos de acción de acuerdo con su interés egocéntrico, por muy noble que sea. El mero cultivo de la virtud no es virtud

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